Del 29 de abril al 1 de mayo, el Centro de Estudios y Publicaciones (CEP) participará en la exposición de libros del Congreso internacional de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA).

LASA es la asociación profesional más grande del mundo que reúne a individuos e instituciones dedicados al estudio de Latinoamérica. La misión de LASA es fomentar en todo el continente americano el debate intelectual, la investigación y la enseñanza sobre Latinoamérica, el Caribe y sus pobladores; promover los intereses de su membresía diversa e incentivar el compromiso cívico a través de la construcción de redes y del debate público.

Cada año los especialistas en asuntos latinoamericanas se reúnen en el Congreso Internacional de LASA. Este año el XXXV Congreso se realizará en Lima, en las instalaciones de la Pontificia Universidad Católica del Perú. El CEP compartirá el stand número 124 con el Centro de Desarrollo Étnico – CEDET .

Hasta el 1 de mayo podrán adquirir la producción del padre Gustavo Gutiérrez, Raúl Zegarra, Eduardo Arens, César del Mastro, Raúl Zegarra, Augusto Castro, Manuel Díaz Mateos, Edmundo Alarcón Caro, entre otros.

Los esperamos en el stand 124 de la exposición de libros del XXXV Congreso LASA.

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Publicamos la entrevista al padre Gastón Garatea por Fernando Pinzas. La conversación se publicó en el diario Publimetro el 17 de abril del 2017.

Gastón Garatea: “En el currículo escolar no hay ideología de género”

¿La fe católica se mantiene en el país?

Por lo menos en el Perú, la fe católica no ha disminuido. Que haya bajado la práctica religiosa, es otra cosa. Pero la gente sigue siendo católica. Y veo también que han aumentado otras religiones.

¿Y cómo toma el incremento de los cultos evangélicos en el país?

A veces veo que a los católicos nos falta ser más acogedores.

Pero cuando escucha a un pastor evangélico que cita versículos de la Biblia en los que se habla de apedrear lesbianas… ¿cómo que no es muy acogedor, no?

A mí eso me da mucha rabia, porque hay una deformación del rostro de Dios. Ellos son muy descalificadores con esa gente. Pero el Evangelio no tiene nada de descalificador.

¿No cree que mucha gente se decepciona del catolicismo porque ve que muchos de sus líderes no son consecuentes con lo que predican?

Es verdad. Hay gente que no es carismática y que lo único que busca es el cumplimiento de la ley y no el amor al prójimo.

¿Cómo toma la Iglesia peruana esta apertura del Papa Francisco?

Por más que el cardenal Cipriani diga que sí, estoy seguro que no está en la línea del Papa. Basta mirarlo. A este Papa, en Roma, le están haciendo la vida imposible, porque hay gente que está perdiendo poder.

¿Cómo la Iglesia puede conciliar con sus fieles en temas polémicos como el matrimonio homosexual o el currículo escolar?

Pienso que es mentira que en el currículo escolar exista la ideología de género. Es algo que se ha inventado y es una manera de tumbarse el gobierno. De otro lado, creo que el matrimonio homosexual en el Perú no tiene sentido porque está prohibido. Si quieren hacer un contrato de vida entre dos personas, que lo hagan. Pero eso no significa matrimonio.

El cardenal Cipriani no es visto como una figura muy conciliadora. ¿Cómo ve esto ante la apertura del Papa?

No van juntos, pues.

¿Le haría bien a la Iglesia peruana un relevo?

Ahí ya nos metemos a elucubraciones. De hecho, le queda poco tiempo al cardenal. Pero eso ya no depende de nosotros ni de él, depende de Roma.

En todo caso, ¿cuál debería ser el perfi l del próximo arzobispo de Lima?

Tendría que ser mucho más cercana a las orientaciones de este Papa. De hecho, los obispos que ha nombrado son de una línea más abierta.

Fuente: Publimetro.


El padre Gustavo Gutiérrez participó como invitado especial en el encuentro de Directivos del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que se realizó del 7 al 9 de marzo, en la Sede de la Conferencia Episcopal de Colombia.

En este encuentro de Directivos del CELAM participaron los secretarios generales de las Conferencias episcopales de los 22 países de América Latina y el Caribe. El tema del encuentro fue “Una Iglesia Pobre para los pobres”.

En la nota de prensa publicada en la web del CELAM manifiestan que el padre Gustavo Gutiérrez ofreció la Conferencia “Iglesia Pobre para los pobres”. En su disertación hizo memoria del Concilio Vaticano II, las novedades que trajo para la Iglesia sobre todo en el diálogo con el mundo y su inserción en el mismo para evangelizarlo, así como los aportes del Concilio al caminar de la Iglesia latinoamericana. Luego presentó la ruta recorrida y lo recolectado en los documentos de las Conferencias extraordinarias de la Iglesia latinoamericana matizando sobre todo la “opción preferencial por los pobres”, en el documento de Medellín, el compromiso asumido por la Iglesia en “Puebla” y la inmersión en las profundidades del Evangelio en “Aparecida”.

La nota también transcribe algunas afirmaciones del Padre Gustavo Gutiérrez a lo largo de la Conferencia:

“’Pobreza no es imitar la vida del pobre’. No se trata de imitar al considerado insignificante, sino serlo.

Sobre los cambios y la conversión ha dicho: ‘los cambios deben ser dentro no fuera’.

En relación a la reforma de la iglesia impulsada por el Papa Francisco, Gustavo Gutiérrez dice: ‘En la reforma lo que el Papa quiere es que al centro (de todas las estructuras, ser y quehacer de la Iglesia) esté Cristo’.

En cuanto a compromiso social, el teólogo latinoamericano indica que: ‘la Iglesia siempre debe tener una palabra sobre lo social’. Y no olvidar que “la Iglesia existe para evangelizar”, por tanto cuando se vuelve funcionaria y no evangeliza deja de ser Iglesia.

Sobre la pobreza económica que produce miseria para tantos, afirmó que ‘la pobreza no es voluntad de Dios, es hechura humana. Por eso es que la pobreza tiene estructuras, categorías y superioridades establecidas. Hay causas de la pobreza’. Que pobre es ‘el que no tiene derecho a tener derechos’.

La pobreza se establece así: si yo considero seres inferiores a otros, estoy estableciendo la pobreza para ellos´’. Por tanto la pobreza que somete en inframundos a tantos seres humanos ‘no es voluntad de Dios’, es voluntad del hombre. ‘La pobreza no es solo monetaria’.

Hablando del uso de la teología de la liberación y sus escritos para cuestiones más ideológicas, el Padre Gustavo Gutiérrez indicó que: ‘Yo no tengo policía personal para evitar que usen mi teología’.

Colocando en el punto preciso el lugar de la teología, recalcó que “yo no creo en la teología de la liberación, yo creo en Jesucristo. La teología no es el fin, es el medio”.

Finalmente hablando del compromiso de la acción evangelizadora que debe llevar la vida a un mejor estado, ha dicho que ‘donde quiera que nos toque hacer pastoral hay que responder a la realidad’”.

Accede a la nota completa elaborada por el Departamento de comunicación y Prensa CELAM.

Foto: Twitter-Alfonso Miranda


Difundimos el artículo “Resurrección”, por Felipe Zegarra, publicado el 16 de abril en la web del diario El Comercio.

Resurrección

Para mucha gente en nuestro país –de toda condición social, etnia, idioma, cultura–, la vida es algo muy complicado. Sin duda hay momentos buenos, pero más frecuentes son –o parecen ser– las tristezas, las dificultades, los problemas. De un pasado mejor apenas hay memoria y el futuro, ¿quién sabe qué nos traerá?

Con ese ánimo –“pesimismo de la realidad”, lo llamó Vasconcelos–, ¿qué sentido tienen los días de la Semana Santa? No son pocos los que piensan en Asia, San Bartolo o algo por el estilo. Otros sienten que pasarán días aburridos en sus casas, quizá con la compañía principal de su celular.

Para muchas y muchos con práctica cristiana, la Semana Santa se trata de ir a la Iglesia el Domingo de Ramos (hay que guardar el ramo bendito en casa) y el Viernes de Pasión… Pero eso no parece muy alentador.

¡Perdón! Pero el Viernes Santo la Iglesia lee la Pasión según San Juan, donde Jesús, que era juzgado, interroga también a Pilato, el juez, y con buen “dominio de escena”. Y ya desde ese día se abre una esperanza: la muerte de Jesús no es la última palabra. Los que no celebran el Sábado de Gloria o el Domingo de Resurrección se pierden además algo fundamental: El “Dios amigo de la vida”, que no nos creó para la muerte (Sabiduría 11,24 y 26), pues “no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (Ezequiel 18,21-28), inaugura en y con Jesús el camino de la muerte a la vida y vida en plenitud.

Ocurre que Jesús, puede decir cualquiera, “me amó y se entregó por mí” (Gálatas 2,20), pues fue siempre fiel en su servicio a la humanidad, y ese amor y la entrega que lo consumó llevó al Padre a resucitar a Jesús y a convertir a sus discípulos en testigos (ver Hechos 2,32). Amor que significó desvivirse, servir, acompañar, alegrar.

El más joven de los discípulos, junto al lago de Galilea, se limitó a exclamar al verlo: “¡Es el Señor!”. Es decir, el viviente, quien ha triunfado sobre esa terrible muerte de cruz. “Sí, claro… ¿Y a mí, qué?”, pensarán muchos. Pues que también para cada persona, entre sus dificultades y problemas, se abre cada día una esperanza: para cada uno, esta vida es el camino a la Resurrección. A una amiga desesperanzada, Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; y el que cree en mí, aunque muera, vivirá” (Juan 11,25), porque nos considera semejantes a Él, y nos llama a vivir aun después de muertos.

Los amigos y seguidores de Jesús, a lo largo de casi veinte siglos, lo han entendido así, y viven con esperanza y con una actitud compleja, hecha de confianza, libertad y audacia (Hechos 4,29-31). Es por eso que el obispo de Roma, Francisco –a quien solemos llamar “Papa”– escribió poco después de su elección un documento que llamó: “El gozo del Evangelio” (Evangelii Gaudium). Y no exageró, precisamente porque “evangelio” quiere decir “Buena Noticia” (no “mala noticia”, ¡por favor!). Así lo entendió el pueblo de Israel, tras pasar 48 años en el exilio, cuando proclamó con un profeta qué hermosos son los pies del que trae las buenas nuevas (ver Isaías 52,7). Y así puede –¡debe! – entenderlo todo el que esté dispuesto a creer y a crecer en la fe.

Recuerdo, para terminar, dos frases importantes. Vasconcelos agregó otra a la que cité casi al inicio: “y optimismo del ideal”. Y alguien más, quizá Santa Teresa de Ávila, nos interpeló seriamente al escribir: “Velar se debe la vida de tal suerte – que viva quede en la muerte”. Es que se trata del don del Dios: el amor.

Fuente: El Comercio


Difundimos el artículo “La esencia del cristianismo”, por Raúl Zegarra, publicado el 16 de abril en la web del diario El Comercio.

La esencia del cristianismo, por Raúl Zegarra

Tras la muerte de Jesús, algo inesperado sucedió. Algunas de sus discípulas se dirigían a la tumba para embalsamar el cuerpo, pero al llegar fueron abrumadas por algo que no anticipaban: el cuerpo de su maestro y amigo no estaba más allí.

Después de la sorpresa, las conjeturas inevitables emergieron. María Magdalena asumió de inmediato que alguien había robado el cuerpo, nos cuenta Juan (20, 2). En efecto, ninguno de los cuatro evangelios nos indica que los discípulos esperaban la resurrección. Esta idea les tuvo que ser revelada por una presencia extraña, posiblemente un ángel. Y tal revelación, de hecho, no les trajo consuelo. Marcos nos dice que las mujeres huyeron de la tumba llenas de terror y espanto (16, 8). Tan poco esperada era la resurrección, que Lucas enfatiza que los apóstoles no creyeron en el testimonio de las mujeres (24, 11).

Pensemos por un segundo en esto. Ni ellas ni el resto de los discípulos esperaban la resurrección. Acongojados, más bien, empezaban a asimilar la muerte del rabí. La tumba vacía, entonces, supuso un momento de definición. Frente a la tumba, estas mujeres definirían el futuro del cristianismo: Jesús no ha muerto; ha resucitado.

Luego de este momento fundacional, la historia toda del cristianismo cambiaría. Los evangelistas narrarían la vida de Jesús como una de profecías cumplidas, yendo a la Biblia Hebrea para señalar cómo en ella se anticipaba la muerte del que ahora llamaban con mayor convicción, el Cristo. La resurrección daría cumplimiento a todas estas profecías y la historia trágica de la derrota del Mesías se convertiría pronto en una de victoria.

Este acto de definición frente al cadáver ausente de Jesús debe invitarnos a reflexionar sobre qué es el cristianismo, particularmente hoy en Domingo de Resurrección. ¿Cuál es la esencia del cristianismo? Este debate, por supuesto, es tan antiguo como la historia de esta fe. Sin embargo, tuvo un pico extraordinario a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Tres fueron sus figuras decisivas: Adolf von Harnack, Alfred Loisy, y Ernst Troeltsch.

Harnack apelaría exclusivamente a los evangelios para buscar la respuesta. Para él, el estudio crítico de las escrituras señala que la esencia del cristianismo se define por tres factores: la expectativa del reino, el rol paternal de Dios y el valor infinito de la vida humana, y la invitación a una forma de virtud radical marcada por el mandamiento del amor, siendo esto último la clave.

Loisy no podría sino estar de acuerdo. Sin embargo, notaría que la exclusión deliberada de la tradición de la Iglesia debilitaba la posición de Harnack. En clara línea católica, señalaría que no es posible saber lo que el cristianismo es si no contamos con la ayuda de su larga tradición de interpretación. Pero, añadiría, la importancia de la tradición no supone dogmatismo. Por el contrario, la interpretación ha de ser fluida, como la historia misma del cristianismo.

Troeltsch entraría al debate para, a mi juicio, darle la respuesta definitiva. Harnack y Loisy, argumentaría, tienen razón. Para definir la esencia del cristianismo necesitamos de los evangelios y de la tradición. No obstante, él llevaría la posición de Loisy a su zenit. En un movimiento brillante, Troeltsch propuso que cada vez que la pregunta por la esencia del cristianismo se plantea, tal esencia es definida nuevamente. La idea es sencilla, pero crucial. Puesto que el cristianismo es una fe viva y no un mero objeto de estudio, cada nuevo momento en su historia le da nueva forma.

Sí, el cristianismo es el mensaje de Jesús recopilado en los evangelios. Sí, es la interpretación de ese mensaje en las epístolas de Pablo. Sí, es la tradición de los Padres de la Iglesia. Sí, es también la crítica de Lutero y Calvino y las respuestas de Eck y Moro. Sí, es el Vaticano I, pero también Vaticano II. Y, esto es fundamental, es cada acto creativo de ayer y hoy que le va dando nueva forma y lo reinterpreta a cada paso.

Por supuesto, no toda interpretación es igualmente válida. Un cristianismo que no cree en Cristo y en su mensaje de amor por el prójimo, por ejemplo, difícilmente podría llevar tal nombre. Pero uno que no cree en la autoridad de Roma, en cambio, supone una forma perfectamente válida, como lo muestra la rica historia del protestantismo.

La resurrección de Jesús, entonces, nos recuerda que el cristianismo es una fe viva y que desde sus inicios estuvo marcada por decisiones fundamentales. ¿Resucitó o no el Señor? Sí, respondieron los discípulos. ¿Es Jesús Dios o tan solo un profeta? Dios, respondió la mayoría. ¿El primado de Pedro o la igualdad entre los obispos?, preguntaron los patriarcas de Oriente. Divergencia marcó la respuesta. ¿Roma o solo la Biblia?, preguntó la Reforma. Las respuestas fueron disímiles.

Pero no toda diferencia supone ruptura. Y las diferencias, de hecho, nos ayudan a profundizar nuestra fe. Frente a la tumba vacía de Jesús nos toca hoy también tomar decisiones. ¿Igualdad de derechos para hombres y mujeres o roles preconcebidos que los eliminan? ¿Darle estatus legal al amor entre parejas del mismo sexo o invisibilizarlas? La manera en la que respondamos a estas preguntas y muchas otras definirá la esencia del cristianismo hoy.

Aprendamos de las discípulas. No dejemos que el terror por lo desconocido nos abrume. Que nuestra fe en el amor venza el espanto y que ella haga del cristianismo una fe abierta donde todos tengan un lugar en la mesa del Señor.

Fuente: El Comercio

 



Difundimos la entrevista realizada a Catalina Romero por Katherine Subirana sobre el libro “Diversidad religiosa en el Perú”. La entrevista fue publicada en PuntoEdu, revista semanal de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).

“La libertad y la diversidad religiosa están produciendo un espacio público distinto”

¿Cuál es el papel social de las religiones?

Las religiones, como dice Mariátegui, proponen cambiar el mundo, y lo hacen con sentimiento y pasión. La religión aún tiene la fuerza de querer cambiar el mundo, no solo a nivel de lo público, sino también a nivel personal al ser muy cercana a la gente. El catolicismo sigue siendo la religión de la mayoría de peruanos, pero hay distintas religiones de las que conocemos muy poco, y el libro busca hablar de la diversidad religiosa. Muchos perciben las religiones como monolíticas, pero dentro de todas las religiones también hay diversidad. En el libro, hay artículos que presentan los aportes de la Iglesia católica en el Perú en la vida social y política, así como los de otras iglesias, confesiones y grupos religiosos, y pone el énfasis en su deseo de cambiar la vida de las personas, el mundo y buscar algo mejor.

Dentro del libro se encuentran diferentes formas de ver la religión, ¿es como abordar distintas formas de ver el mundo?

No. El libro se acerca a la diversidad religiosa desde diversas disciplinas, donde no todos son especialistas en estudios de religión, pero que en sus investigaciones se encuentran con la religión, porque esta es muy importante en la vida de las personas y en la sociedad peruana. Por ejemplo, Óscar Espinoza estudia la Amazonía y encuentra que la presencia de las iglesias católica y evangélica es muy grande. Si bien comenzó como un esfuerzo civilizador y misionero, poco a poco se fue convirtiendo en un espacio de reflexión para los mismos pueblos indígenas sobre quiénes eran. Es muy compleja la relación que se establece, pero hay elementos que han podido aportar a esas poblaciones. Cada investigador da una visión de lo que significa, en este momento, ir dejando de ser un país con monopolio católico, donde la libertad y la diversidad religiosa están produciendo un espacio público distinto.

¿Cómo se refleja, en este estudio, la diversidad religiosa de los creyentes?

Cerca del 97% de los peruanos son creyentes (76% católicos, 17% protestantes y evangélicos, y 4% de otras religiones), pero también hay diversidad sobre la idea que tienen de Dios: si es un Dios castigador, se llenan de culpa; si es un Dios amigo de la vida, se llenan de esperanza y construyen posibilidades de salir adelante. El libro presenta resultados de investigaciones muy recientes sobre esta diversidad. Se conoce muy poco sobre los evangélicos porque solo se los percibe a partir de sus locales o cuando el pastor los moviliza en contra de la reforma educativa. Uno de los capítulos trata sobre una Iglesia evangélica, donde las personas que optan por volverse evangélicos pasan por todo un proceso de conversión que implica valorarse a sí mismos, verse como hijos de Dios, queridos y valiosos. Así, ser hijos de Dios los saca de toda discriminación y pasan a formar parte de una comunidad. En el libro, también encontramos la importancia de la religiosidad popular que analiza la presencia cotidiana de la Iglesia católica en los pueblos y ciudades, y que ayudará a conocer mejor los cambios que se están dando en el espacio religioso peruano.

 

Fuente: http://puntoedu.pucp.edu.pe/impresos/suena-el-centenario/


Publicamos el texto completo de la carta del Papa Francisco a la comunidad de la Pontifica Universidad Católica del Perú (PUCP), firmado el 19 de marzo del 2017. El texto fue leído el viernes 24 de marzo por el cardenal Giuseppe Versaldi, Prefecto de la Congregación para la Educación Católica y Gran Canciller de esa Universidad, en el marco de los 100 años e inicio del año académico de la PUCP.

La carta fue difundida en el Observatorio Romano el 1 de abril de 2017.

Ver el artículo “El Papa a la universidad de Perú: ‘Llevar una palabra auténtica y segura’” de Andrés Beltramo Álvares publicado en La Stampa el 1 de abril del 2017.

 

Texto completo de la carta del Papa Francisco a la PUCP

Al Señor Cardenal Giuseppe Versaldi

Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica del Perú

Querido hermano:

Me es grato saludarlo y a través suyo a cuantos conforman la Pontificia Universidad Católica del Perú, con motivo del primer centenario de esa Institución. Me uno a ustedes en acción de gracias al Señor por todos los beneficios recibidos de su infinita bondad durante estos años dedicados al servicio de la Iglesia y de la sociedad de ese querido País.

Esta grata efeméride, nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre la naturaleza y la finalidad de esa Universidad. En sus Estatutos se define como una «comunidad de maestros, alumnos y graduados dedicada a los fines esenciales de una institución universitaria católica» (Art. 1º). En esta formulación ya se encuentra sintetizado todo un proyecto, no sólo educativo sino también de vida.

Se trata ante todo de una comunidad, lo que supone reconocerse miembros de una misma familia, que comparten una historia común fundada en unos mismos principios que la originaron y que la mueven. La comunidad se forma y se consolida cuando se camina juntos y unidos, valorando el legado que han recibido y que deben custodiar, haciéndolo vida en el mundo presente y trasmitiéndolo a las nuevas generaciones. Es innegable que los fundadores de ese Centro educativo lanzaron una propuesta valiente al servicio de la sociedad peruana y de la Iglesia. Es una llamada a la apertura hacia otras culturas y realidades; si se encierra en sí mismo, contemplando sólo su saber y logros, estará abocado al fracaso. Sin embargo, conocer el pensamiento y las costumbres de otros nos enriquece, y nos estimula a su vez a profundizar en nosotros mismos para poder entablar un diálogo serio y fructuoso con el medio que nos rodea.

Asimismo, esa comunidad está formada por maestros, alumnos y graduados. Los roles son diferentes pero todos ellos necesitan del otro para ejercerlos auténticamente. El Maestro es uno, nuestro Señor (cf. Mt 23,8; Jn 13,13); y quien está llamado a enseñar tiene que hacerlo desde la imitación de Jesús, buen Maestro, que salía a sembrar cada día con su palabra, y era paciente con los que le seguían y humilde en el trato con ellos. Si contemplamos su ejemplo, caemos en la cuenta de que para enseñar se tiene antes que aprender, siendo discípulo. Este último es el que sigue el ejemplo de su maestro y está atento a sus enseñanzas para poder superarse y ser mejor. Esta tensión interior ayuda a reconocerse humildes y necesitados de la gracia divina para poder hacer fructificar los talentos recibidos. Enseñar y aprender es un proceso lento y minucioso, que necesita atención y un amor constante, pues se está colaborando con el Creador a dar forma a la obra de sus manos. A través de esta tarea «sagrada», se fomenta el conocimiento y la fructificación de la perfección y bondad que hay en toda criatura querida por Dios y que es un reflejo de la sabiduría y bondad infinita de Dios (cf. Laudato si’, 69). En este cometido, todos —profesores, alumnos y egresados— son necesarios. Cada uno aporta la competencia de su saber y lo específico de su vocación y vida, para que ese centro de estudios brille no sólo en su excelencia académica, sino también como escuela de humanidad.

Por último, esa comunidad tiene el desafío de buscar y anhelar los fines esenciales de una institución universitaria católica; es decir, ser evangelizados para evangelizar. Todo cristiano ha sido conquistado por el Señor y de ese encuentro se transforma en testigo. El aprendizaje de conocimientos no basta, se requiere llevarlos a la vida, siendo fermento en medio de la masa. Somos discípulos misioneros y estamos llamados a convertirnos en el mundo en un evangelio viviente. A través del ejemplo de nuestra vida y de nuestras buenas obras estaremos testimoniando a Cristo, para que el corazón del hombre pueda cambiar y transformarse en una criatura nueva. Esa Institución, con todos sus miembros, tiene que afrontar el reto de salir al encuentro del hombre y mujer de hoy, llevando una palabra auténtica y segura. Para lograr este fin se debe buscar ardientemente y con rigor la verdad, así como su adecuada transmisión, colaborando de ese modo a la promoción de la persona humana y a la construcción de la sociedad (cf. Juan Pablo II, Const. Ap. Ex corde Ecclesiae, 2). Esa Universidad, que en conformidad con su origen, historia y misión, tiene un vínculo especial con el Sucesor de Pedro y, en comunión con él con la Iglesia Universal, habrá logrado sus objetivos si puede llevar al tejido social esas dosis de profesionalidad y humanidad, que son propias del cristiano que ha sabido buscar con pasión esa síntesis entre la fe y la razón.

Encomiendo a Nuestra Madre la Virgen María, Trono de la Sabiduría, los proyectos y desafíos que tiene esa Pontificia Universidad Católica del Perú, como también ruego al Señor por cuantos forman esa Comunidad educativa, sus familias y sus seres queridos; les pido que no se olviden de rezar por mí, y les imparto la Bendición Apostólica.

Vaticano, 19 de marzo de 2017

Francisco

Fuente: http://www.osservatoreromano.va


Compartimos la entrevista a Catalina Romero, editora del libro “Diversidad religiosa en el Perú. Miradas Múltiples”, realizada por José Miguel Silva en el Blog de El Comercio “Libros a mí”.

Catalina Romero es Socióloga. Profesora principal de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Miembro de la Asociación World Value Survey. Actualmente se desempeña como Defensora Universitaria en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es miembro del Instituto Bartolomé de Las Casas, del cual ha sido directora ejecutiva, y del Centro de Estudios y Publicaciones.

El libro es una coedición de: CEP, IBC y el Fondo editorial de la PUCP. Puedes adquirir la publicación en: http://cep.com.pe/publicaciones/diversidad-religiosa-en-el-peru-miradas-multiples/

Texto completo de la entrevista

-¿Por qué no es lo mismo hablar de diversidad religiosa que de pluralismo religioso?

Creo que el pluralismo implica una actitud de diálogo, tolerancia, y un respaldo social a ese término que está muy relacionado a la democracia, por ejemplo. Nosotros hemos preferido comenzar por hablar de diversidad para identificar las diferencias que hay tanto al interior de las religiones como entre ellas, porque este es un fenómeno nuevo en el Perú.

-¿Por qué era importante reunir a disciplinas distintas para hablar sobre las religiones en Perú?

Esta iniciativa viene desde el año 1997, cuando se forma el Seminario Interdisciplinario de Estudios de la Religión. Lo formaron Manuel Marsal, José Sánchez y yo, profesores de la PUCP. Juntamos a profesores de distintas disciplinas para mirar el fenómeno religioso y estudiarlo desde distintas perspectivas en diálogo, en algo que hoy se usa mucho: el trabajo interdisciplinario de investigación.

-¿Qué hechos desencadenaron que en la segunda mitad del siglo XX se genere este abanico de opciones religiosas?

Creo que fue la influencia de la Iglesia Católica. Entre 1962 y 1965 se da el concilio Vaticano II, que se presenta como ecuménico, que busca el reencuentro de las religiones y una mayor presencia en el mundo. Este proceso de evangelización ocurre y en el Perú tiene mucho impacto. Así que creo que es más un esfuerzo del catolicismo y de las otras iglesias, religiones y grandes confesiones, de responder a la situación del mundo, que en ese momento era una de búsqueda de paz y de integración.

-Tomando en cuenta las encuestas revisadas para escribir este libro, ¿el tipo de religión que profesan los peruanos influye directamente en su posición sobre temas importantes como la prostitución, el aborto, el divorcio y otros?

Yo creo que la religión sí influye en la manera de pensar de la gente, ya sea a favor o en contra de algo. Pero es algo que está muy vinculado a la vida misma. Nosotros como científicos sociales la estudiamos así. Ya los teólogos y los especialistas se encargan de otros campos. Me parece que la religión es parte de la cultura; forma y dialoga con valores y normas de la gente a nivel personal, privado y también público. Lo que reflejan las encuestas es parte de la cultura general de la gente y ahí está incluido lo religioso.

-¿Cuál es el cambio fundamental de la relación entre la Iglesia Católica y la Amazonía en las últimas dos o tres décadas?

(La iglesia católica) tiene una presencia muy importante desde el siglo pasado pero, como sabemos, la presencia religiosa en la Amazonía ha sido muy fuerte pero no solo de la parte católica, sino también de otras creencias. En cierta manera, esta fue una de las primeras formas de presencia del Estado. A comienzos de siglo pasado teníamos un estado confesional y una iglesia vinculada al Estado. Entonces, la entrada religiosa, tanto de la iglesia (católica), a la que se le entregan territorios de misión, como a otras iglesias protestantes con las que también se logran convenios para que vayan a evangelizar, es muy fuerte en la Amazonía. Y hoy día lo es mucho más porque está más vinculada a la gente, a su cultura. También esto por la influencia del (concilio) Vaticano II, que buscaba una mayor cercanía a las personas en su cultura y costumbres.

-¿Cuál es el desafío de la sociedad peruana teniendo en cuenta la  gran diversidad de religiones existentes?

El proceso que está ocurriendo aquí no es el que pasó en Europa, que fue más bien de secularización y de laicización, es decir, el ‘modelo francés’ que separa las relaciones entre religiones y Estado, y resulta de un proceso histórico. Nosotros lo tenemos aquí y habría que ver cómo lo trabajamos como alternativa. Asimismo, está el modelo americano, que plantea que las religiones están en la sociedad civil y no entran al Estado, porque finalmente este último es universal, tiene normas para todos, y las religiones no pueden dirigir la vida de la gente ‘desde arriba’. Es una adhesión libre a la fe. Ahora, ¿cómo respondemos hoy a la relación entre iglesias, religiones y Estado? Existe (en Perú) un modelo abierto, en el que todas las religiones son reconocidas, hay gran tolerancia. Caminamos hacia un sistema pluralista pero debemos estar atentos a él, conocerlo, estudiarlo para ver cómo diseñamos nuestra forma de relacionar las religiones con lo público y lo privado.

-Destaca en su libro la diversidad de los ensayos. Por ejemplo Alejandro Diez Hurtado hace una completa explicación sobre las fiestas patronales en los Andes.

Alejandro es un antropólogo de la PUCP. En su ensayo hace una revisión de la literatura (sobre el tema) desde los últimos diez años. Hay mucha innovación y aportes (recogidos) de distintos autores. La fiesta patronal siempre está en cambio, es una relación entre tradición y modernidad, lo contemporáneo y la creatividad, etc. Resulta muy interesante trabajar sobre este tema.

-Más allá de la aparición de otras religiones, ¿qué factores influyen en la disminución del ejercicio de los sacramentos en Lima?

Ese tema lo trabaja Véronique Lecaros haciendo un estudio muy detallado de qué viene ocurriendo con los sacramentos en las diócesis de Lima y en la de Chosica, donde hay mucha población migrante. Ella nota un desfase entre cómo se trabaja desde la parroquia la incorporación a la iglesia a través del bautizo –que es (el sacramento) en el que ella se concentra—y cómo la gente lo entiende, es decir, como una parte de su vida mucha más integrada. Ahí ve una disociación que ella denomina exculturación. Se separa el formalismo de la parroquia frente a lo que eso significa en la vida, costumbres o religiosidad popular de la gente.

-En el libro se menciona cómo el porcentaje de católicos en Perú va disminuyendo. ¿Existe la posibilidad de que en algún momento del futuro el porcentaje de católicos llegue a ser el mismo que el de evangélicos (sumados) o que el de gente que no profesa ninguna religión?

En muchos países de América Latina viene ocurriendo esto. Por ejemplo, en Centroamérica hay países donde los evangélicos superan a los católicos, mientras que en Brasil y en Chile –que eran países muy católicos—está bajando a un porcentaje cercano al 60%. Vamos hacia una diversidad religiosa pero aquí el número de creyentes es muy alto. Por ende hay que trabajar en qué significa dicha creencia, si esta valora lo humano como lo central de la fe. O sea, cómo (las personas) entienden a Dios, si lo ven como uno todopoderoso, castigador, rígido; o si lo entienden como un Dios amigo de la vida que acompaña a la gente en sus cambios. Entonces, depende de las religiones y de los grupos religiosos dentro de estos si la fe va a seguir teniendo significado para la gente en su vida cotidiana, si va a dejar de tenerlo, o si se convierte en un lugar de búsqueda que pasa de una religión a otra.

-Tomando como base esta disminución de porcentaje de católicos en el Perú. ¿Hacia dónde debe dirigirse esta religión? ¿Hacia el proteccionismo o hacia la apertura?

Creo que en América Latina y en el Perú la fe tiene algo que decirle a la gente. La gente encuentra algo importante (en ella) y es por ahí que hay que ir, pero no cerrándose. Hablamos de una ‘modernidad encantada’ en América Latina, en el sentido de que la solidaridad y el milagro –y muchas veces este último nace de la primera—siguen siendo factores importantes y no el individualismo y el aislamiento de las personas. Entonces, creo que hay que ver cómo se va desarrollando este proceso y por eso me parece importante estudiar qué pasa con las religiones. Creo que los grupos que se encierran son los que corren más riesgos de desaparecer.

-Hay un capítulo muy interesante relacionado a las iglesias neo pentecostales en Lima. ¿Cuál es el  patrón de movilización entre las cuatro creencias que incluye este ensayo de Uta Ihrke-Buchroth?

Ella hace esta investigación y se da cuenta que hay una migración, sobre todo de los jóvenes, que vienen de las iglesias evangélicas más tradicionales y que se van yendo hacia las iglesias neo pentecostales que están ubicadas en otras zonas de Lima. Uta descubre que puede haber ahí, además del interés por una teología distinta, uno de interactuar con otra gente, de vincularse con pastores que vienen de afuera y que hablan de otras experiencias. Entonces sí, es una tendencia que se ve en los cuatro grupos, que sea gente del mismo mundo evangélico que pasa ahí, más que una ‘conversión directa’ de afuera. Estas iglesias, además, convocan a sectores de clase media y media alta, cuando uno a veces puede pensar que estos grupos están más en sectores medio-bajos. Esta investigación demuestra que hay una movilización social pero también religiosa.

-Se observa un cambio de algunas personas que desde el evangelismo pasan a otra iglesia cercana, no obstante, ¿se dan también situaciones de católicos que se convirtieron al evangelismo y luego retornaron a su iglesia original?

Eso es parte de una investigación nueva que estamos haciendo. Actualmente existe mucha movilidad intra-religiosa. Incluso dentro de una misma familia hay personas de diversas religiones. Estamos trabajando junto al Boston College una investigación sobre ‘religión vivida’ que nos permite ver en Lima que existe muchísima movilidad. La gente está en búsqueda y visita otras religiones. Y muchos asisten bastante (a ceremonias no católicas) y luego se regresan al catolicismo, porque encuentran que es una religión que también tiene sus normas. O sea, revaloran su propia fe y su propia comunidad religiosa. Existe mucha interacción entre religiones y eso implica una gran apertura y tolerancia. Por ello es importante que todas las religiones trabajen su propia fe y den más información a su gente, porque si esta viene en búsqueda (de algo), entonces  lo que necesitan son respuestas.

 

Fuente: http://elcomercio.pe/blog/librosami/2017/03/catalina-romero-los-grupos-que-se-cierran-corren-riesgo-de-desaparecer

Vídeo de la entrevista en: https://www.youtube.com/watch?v=xMa9ov4BFHo


Comunicado de los Obispos del Perú ante la emergencia que vive en país: “la caridad sostiene la esperanza”

conf_epis_per-logo-100 CONFERENCIA EPISCOPAL PERUANA•VIERNES, 24 DE MARZO DE 2017

Estimados hermanos, vivimos aún horas de sufrimiento, preocupación y dolor, pero también de solidaridad. Los embates de la naturaleza: huaycos, inundaciones y lluvias, están desafiando la capacidad de respuesta de nuestras autoridades, están exigiendo fortaleza a los damnificados para enfrentar la adversidad, y nos están invitando a todos a un compromiso más efectivo que se exprese en la caridad, para mantener viva la esperanza.

No es hora de miedo, ni de escuchar a quienes siembran alarmas. Es hora confiar en la Providencia de Dios que cuida a cada uno de nosotros como lo hace un Padre amoroso. Es tiempo para orar. Es la hora de la solidaridad, como lo está demostrando nuestro pueblo. Es hora de respetar a la hermana naturaleza y de prevenir al trazar las nuevas ciudades. No es hora de buscar culpables, es hora de unir esfuerzos.

En estos momentos de emergencia nacional, invocamos a quienes están damnificados a preocuparse mutuamente los unos de los otros y a dar preferencia a los más débiles: niños, ancianos y mujeres gestantes, en el momento de repartir la ayuda con equidad. Exhortamos a quienes siguen aún soportando la furia de la naturaleza a mantenerse valientes, como la Virgen María ante la cruz de Jesús, seguros que este momento pasará y vendrán tiempos mejores. Agradecemos a nuestras Fuerzas Armadas, a la Policía Nacional y a nuestras autoridades por su abnegación para ayudar a los damnificados.

Les seguimos acompañando con nuestra oración, nuestro afecto y nuestra ayuda, que se canaliza por medio de las parroquias y las Caritas Diocesanas. Invocamos a los que no han sido golpeados, directamente por la fuerza de la naturaleza, a ser generosos, también cuando la caridad sea fruto del sacrificio.

El Perú ha sido fuerte y debe seguirlo siendo, porque es un pueblo valiente y porque es un pueblo creyente. Que Dios, Padre eterno y misericordioso, los bendiga, los fortalezca y les proteja.

Los Obispos del Perú