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Domingo XIX del Tiempo Ordinario. Reflexión de Luis Fernando Crespo 2026
Difundimos la reflexión del Domingo XIX del Tiempo Ordinario por Luis Fernando Crespo, titulada “¡Ánimo!, soy yo, no teman” “Verdaderamente eres Hijo de Dios”.
Lee y descarga la meditación en formato PDF: REFLEXIÓN.
DOMINGO XVIX DEL TIEMPO ORDINARIO*
“¡Ánimo!, soy yo, no teman”
“Verdaderamente eres Hijo de Dios”
Luis Fernando Crespo
No dejen de leer los Textos bíblicos antes del Comentario.
Lecturas: 1Reyes 19,9.11-13; Romanos 9,1-5; Mateo 14,22-33
Después del relato de los panes que Jesús hizo compartir con todos los que le habían seguido, Mateo nos ofrece, con un aporte propio, el episodio de Jesús caminando sobre las aguas del lago. Leamos y meditemos.
A continuación de haber compartido los panes, Jesús envía a los discípulos a embarcarse hacia la otra orilla del lago. Él se queda solo, y después de despedir a la gente, “subió al monte a solas para orar”. Interesante cómo Jesús conjuga su relación solidaria con la gente y la oración intensa al Padre, acción efectiva frente a la necesidad de la gente y plegaria de acción de gracias a Dios de quien procede todo bien. Algo a no olvidar en la cotidiana experiencia de seguimiento de Jesús.
Los discípulos están en la barca, “ya lejos de la tierra a mucha distancia, sacudida por las olas, pues el viento era contrario”. Es la segunda vez que Mateo describe una situación semejante. Antes, en 8,23-27, también había presentado a los discípulos en la barca, atemorizados por la tempestad. Los discípulos, asustados y turbados en la barca zarandeada por las olas y el viento contrario, constituyen una buena imagen de una situación que hoy se agudiza y que experimentamos con particular confusión. La pretensión de remar y avanzar en la barca del seguimiento de Jesús resulta enfrentada con las olas y el viento de las nuevas maneras dominantes de pensar, sentir y vivir, cada vez más individualistas y competitivas, más centradas en el éxito inmediato y calculador.
Jesús “de madrugada vino hacia ellos caminando sobre el mar”. “Es un fantasma, decían, y de miedo se pusieron a gritar” fue la reacción de los asustados discípulos. “¡Ánimo!, soy yo, no teman”, fue la respuesta de Jesús. El intercambio de reacciones de los discípulos y de palabras de Jesús no deja de recordarnos relatos de la experiencia pascual, en concreto el de Lucas 24,37-39. La presencia de Jesús en apariencia inesperada siempre nos resulta turbadora y necesitamos que él nos repita: “soy yo mismo, no teman”. ¿No es eso lo que nos ocurre cuando deberíamos reconocerle en la turbadora irrupción de los pobres con sus diferentes rostros, necesidades y demandas? Reconocer su presencia en tiempos de fragilidad e incertidumbre puede convertirse –como en el relato evangélico– en una fe más firme y afinada: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”, que les sirvió de ánimo y confianza para seguir adelante.
Mateo introduce en su relato un elemento nuevo que no se encuentra en el texto paralelo de Marcos. Pedro quiere poner a prueba la veracidad de la respuesta de Jesús, pidiéndole algo que le parece naturalmente imposible: caminar él mismo “sobre las aguas”. Arrancó bien, pero “viendo la violencia del viento, le entró miedo y como comenzara a hundirse gritó: ‘¡Señor, sálvame”! Retrata bien a Pedro: pronto para responder inmediatamente al llamado de Jesús, demasiado confiado en su propia capacidad, pero es frágil en la adversidad, duda y niega, pero es capaz de reconocer y volver a confiar. ¿No nos sentimos reflejados también en muchos de nuestros propios procesos de fe, momentos de entusiasmo, de temores y dudas, de retomar el camino al sentir, pese a todo, la presencia cercana del Señor? El texto concluye en algo fundamental para entender el significado del relato: lo importante no es el aspecto milagroso de caminar –Jesús y Pedro– sobre las aguas, sino la consolidación de la fe de los discípulos: “se postraron ante él diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios”.
En los dos episodios que venimos comentando, ante el grito asustado de los discípulos y la súplica no menos asustada de Pedro, Jesús responde con una expresión que sólo encontramos en este evangelio: “Hombres de poca fe, ¿por qué tienen miedo?”, a los discípulos; “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?” (8,26), a Pedro. La expresión suena, sin duda, a reproche; pero, conociendo a Jesús, también a aliento y ánimo para superarla y retomar el camino, para eso está él levantándose y dando la mano a Pedro. La “poca fe” es también una situación y un riesgo para los cristianos y las cristianas de hoy. Creemos, sí, pero no de manera suficiente para hacer frente a exigencias de coherencia, que algunas situaciones reclaman. La “poca fe” es algo así como la “tibieza” denunciada en la carta a los de Laodicea en el Apocalipsis: “ni frío ni caliente” (Ap, 3,14-22). Expresa la falta de confianza en una presencia del Señor que generalmente se manifiesta discreta y respetuosa de nuestra libertad y de nuestra responsabilidad ante los acontecimientos. Con razón a veces nos parece que está “dormido” (Mt. 8,24). Significa también dejarse paralizar por el temor y no seguir avanzando con fidelidad ante exigencias crecientes. Cuesta reconocer la presencia cercana del Señor, cuya evidencia no percibimos, a veces deslumbrados por otras evidencias y seguridades que no son las del Evangelio. La “poca fe” designa además la duda, el desaliento y el cálculo ante las dificultades y los riesgos de vivir la radicalidad del Evangelio en medio de situaciones tan conflictivas y amenazantes. ¿Acaso –se dice uno– no es posible ser cristiano sin llevar las cosas a tal extremo? Esa misma duda de Pedro ¿no nos asalta también hoy en un mundo en el que las evidencias y seguridades del pasado han perdido vigencia y nos descubrimos solos y a la intemperie en una sociedad en la que la referencia a Dios no encuentra acogida?
Finalmente llama la atención el progreso en el proceso de la fe de los discípulos, dejándose interpelar por la llamada de atención de Jesús. Después de la calma tras la primera tempestad los discípulos “maravillados decían: ¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar obedecen?” (8,27). Después del segundo episodio que hoy hemos leído, tras la calma “se prostraron ante él diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios”. Sin duda que esa fe habrá de pasar aún por nuevos momentos de crisis y no llegará a ser definitiva sino tras la pasión y la resurrección. El proceso de la fe, también para nosotros, se desarrolla en el “seguimiento” de Jesús, aun en medio de momentos de duda y de fragilidad, alentados siempre por su presencia y su mano salvadora, sabiendo escuchar a veces su reproche alentador: “Hombre, mujer, de poca fe, ¿por qué tienes miedo?”.
La primera lectura nos presenta una experiencia de manifestación de Dios al gran profeta Elías. Huido de la persecución del rey Ajab, permanece escondido en una cueva del monte Horeb. Escucha la palabra de Dios: “Sal y mantente de pie en el monte ante Yahvé”. El paso de Yahvé no ocurre en la tormenta, ni en el terremoto, ni en el fuego, lugares tradicionales de revelación de Dios, sino en “el susurro de una suave brisa”. También así sabe manifestarse a veces Dios en momentos difíciles de la vida, ofreciendo sosiego y paz. Lo necesitamos, como Elías. Pero sin dejar de preguntarnos como Dios al profeta: “¿Qué haces aquí?”. Esa paz de Dios es aliento para seguir adelante, como se le pidió a Elías, y no refugio para el repliegue.
La segunda lectura, que durante estos domingos sigue la secuencia de la carta a los Romanos, no tiene una relación clara con el evangelio leído. El texto presente inicia un tema que para Pablo es importante: ¿en qué queda la elección del pueblo judío, que no llegó a reconocer en Jesús como el Mesías prometido? Tras una larga reflexión expresará la confianza en que “los dones y la elección de Dios son irrevocables” (11,29) y que “también ellos consiguen ahora misericordia” (11,32). No se entendió así durante siglos por parte de muchos cristianos. Hoy hemos cobrado conciencia de que Jesús mismo fue un judío y ese dato es muy importante para conocerlo y entender su mensaje.
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* Ciclo A


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Salió Páginas 282: La Iglesia y la paz en el mundo
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